Urbino ha sido definida por la célebre revista “Time” como “el Disneyland del hombre del pensamiento”, un tema en el campo de de los amantes de la cultura (reportaje “la Maravilla de Europa de Josh Tyrangie. Julio 2005). Y tiene razón.
Ciudad cardinal del Renacimiento Italiano, famoso en el mundo entero por sus palacios e iglesias Góticas o Neoclásicas, por sus pinturas y frescos firmados por Piero Della Francesca, Rafael Sanzio y Paolo Uccello, por su espléndido Renacimieto y por el arte de los grabadores, así como, naturalmente por su tradición armera.
En una ubicación espléndida y panorámica sobre dos colinas, entre los valles de los ríos Foglia y Metauro, Urbino está incluído dentro de las paredes medievales, y construída en torno al majestuoso Palacio Ducal.
Edificios y Palacios hacen de la ciudad un ejemplo típico de cultura Renacentista. Aquí fue el lugar de nacimiento de la dinastía Montefeltro, los guardas de la cultura y benefactores importantes, hombres de armas y señores de guerra. Por su formación intelectual, la guerra la consideraba un arte: las fortificaciones y temas de defensa contrastaban armónicamente con lo ofensivo de la artillería.
Urbino fué un antiguo asentamiento de los Galos Senones (siglo IV a.C.) proveniente de una colonia romana del 285 a.C, una guarnición Gótica bajo Teodorico, posteriormente un dominio Lombardo y después Carolingio y finalmente un protectorado Ghibelline bajo la dinastía Ottoni. Cuando la Liga Guelf ganó el poder, Urbino cayó en las manos de la herencia Papal, pero en una rebelión de 1375, la familia Montefeltro es la que gobierna en la ciudad de Urbino.
Josh Tyrangiel el escritor del artículo en la revista Time, describe la ciudad como espléndida, animada y habitable. Compara su arte al de la Toscana y Urbino surge victorioso en sus ritmos lentos, que nos llena de orgullo. Citando sus palabras: " El arte de los Uffizi en Florencia es superior, pero con las muchedumbres y los chasquidos constantes de cámaras digitales, una visita al Uffizi es una experiencia que de artística no tiene nada. En el Palacio Ducal, ningún cuadro está detrás de cristales o acordonado. Uno se puede mover alrededor y relajarse y es la forma de conocer verdaderamente las imágenes. Es asombroso como el buen arte puede hacerse grandioso, cuando tenemos un momento para poder apreciarlo”.